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Meybell
Justificación
Cuando hablamos de justificación, viene a nuestra mente que se ha ejecutado algo incorrecto y necesitamos un castigo, una disciplina para pagar o retribuir aquello en lo que incurrimos, pero ¿Por qué necesitamos ser justificados? La biblia nos enseña que todos somos pecadores por la simiente de Adam y nuestro pecado necesita redención (Romanos 3:23), una justificación que ante Dios se realizaba de forma parcial mediante el cumplimiento de la Ley (Mandamientos- pentateuco) y el ofrecimiento de sacrificios mediante sangre que no podía cubrir completamente nuestros pecados y no podía ser ofrecida por cualquier ser humano, solamente por el sumo sacerdote escogido por Dios, quien ofrecía sacrificios por el pueblo y por sus propios pecados, ya que de igual forma necesitaba ser justificado ante Dios ( Levítico 9:7; 1 Corintios 1:29 ), sin embargo su ofrenda no era suficiente.
Pero Dios, en su infinita misericordia y bondad hacia la humanidad nos brindó una justificación perfecta mediante el único sacrificio de un cordero sin mancha ni pecado, el cual no necesitaba ofrecer sacrificio por sí mismo, más se entregó enteramente por la salvación de la humanidad mediante su muerte en la Cruz del Calvario y su resurrección , presentándose ante el padre como sumo sacerdote por el orden de Melquisedec (Hebreos 7:1-4, 15, 26-28) como el sacrificio que nos podía reconciliar una vez y para siempre, derribando el velo que nos separaba del lugar santísimo y dándonos entrada mediante su redención a tener una relación personal con Dios padre.(Romanos 3:24, Hebreos 9:11:14).
Una vez que la Fe en Cristo es desarrollada en nuestra vida mediante el conocimiento de su sacrificio por medio de su palabra, la biblia nos enseña que creemos en nuestro corazón para justicia, pero debemos confesar con nuestra boca para salvación (Romanos 10:10-11) y eso es lo único que pide Dios en su gracia para alcanzar la salvación (Efesios 2:1-7). Sin embargo, el ser humano siempre ha buscado de alguna forma justificarse a sí mismo, es de ahí que vemos en la Biblia como el pueblo de Israel y aun la nueva iglesia (NT) continuaban queriendo ser justificados por obras de ley no comprendiendo bien que luego de la justificación por medio de la sangre de Cristo la ley y su efecto de justificante ante Dios no es válida, porque realmente nunca ha sido suficiente, no es posible cumplirla al 100% como lo indica la misma palabra de Dios, ya que al infringir una sola cosa de ella se hace acreedor del incumplimiento de su totalidad (Santiago 2:10); de esta manera Pablo exhorta al pueblo de los Gálatas y específicamente a Pedro en Antioquia y trae a la luz esta realidad al indicarle que por obras nadie puede ser justificado (Gálatas 2:15). Esto nos lleva a desarrollar la clave de la justificación y ella es la Fe, en la biblia podemos encontrar muchos versículos donde Dios nos muestra que sin Fe es imposible agradarle (Hebreos 11:6-8), de ahí que nos habla de Abraham y su ejemplo de Fe, quien se sostuvo como viendo al invisible y le fue contado por justifica , no por obras para que no le fuese contado como deuda si no por fe para que fuese por gracia (Romanos 4:1-4), no siendo por la ley que Abraham alcanzo la promesa de que sería heredero del mundo sino por la fe “… Para que sea por gracia…” (Romanos 4:13-25). De modo que podemos asegurar que para ser justificados ante el padre es indispensable creer con certeza de en lo que se espera, tener convicción en lo que no vemos (hebreos 11:1) y descansar en la única salvación que es traída mediante nuestro señor Jesucristo que nos reconcilia en paz con nuestro creador (Romanos 5:1-:11, Hebreos 3:10).
De modo que para todo creyente y justificado por la sangre de Cristo le es indispensable vivir descansando en la justificación que tenemos ante el padre, esto nos debe motivar a vivir para El, seguir sus pisadas y conocerle más y más cada día, de modo que nuestro corazón le sea agradable y nuestros actos como fruto de una relación directa y cercana con el Padre le sean agradables y prosigamos a la meta, al premio del supremo llamamiento de Cristo (Filipenses 3:14), viviendo en las buenas obras que Dios de antemano preparo para nosotros (Efesios 2:10).
